Finalmente veo concretado mi deseo de partir. Te escribo entonces estas breves líneas para despedirme. No es un adiós, claro está, (al menos no todavía), sino más bien un hasta luego.
Ya lo dijo Borges, no nos une el amor, sino el espanto. Y probablemente sea por eso que te quiero tanto. Porque, debo confesar, que si bien te maldigo y te reniego, te critico y reprocho repruebo repriendo, el lazo que nos une trasciende todo roce, toda enemistad. Y es que estamos supeditadas a un inquebrantable vínculo de orden superior, de desconocidos orígenes metafísicos, algo así como una relación fraternal conflictiva pasional.
Me voy por pocos días igual, no pretendas que te extrañe. Me voy para irme lléndome partir marchar, retirarme largándome huir llegar. Y después regresar. Volver. Porque cómo no volver. Siempre se vuelve.
Así que bueno, creo que no queda mucho más por decir. Si ya lo sabés todo. Me despido entonces con un hasta luego, hasta pronto, hasta ya casi mañana, hasta dentro de poco ayer.
P.
1 comentario:
Buen viaje.
Publicar un comentario