jueves, 25 de diciembre de 2008

Pasajera en trance.

A mi querida Buenos Aires,

Finalmente veo concretado mi deseo de partir. Te escribo entonces estas breves líneas para despedirme. No es un adiós, claro está, (al menos no todavía), sino más bien un hasta luego.
Ya lo dijo Borges, no nos une el amor, sino el espanto. Y probablemente sea por eso que te quiero tanto. Porque, debo confesar, que si bien te maldigo y te reniego, te critico y reprocho repruebo repriendo, el lazo que nos une trasciende todo roce, toda enemistad. Y es que estamos supeditadas a un inquebrantable vínculo de orden superior, de desconocidos orígenes metafísicos, algo así como una relación fraternal conflictiva pasional.
Me voy por pocos días igual, no pretendas que te extrañe. Me voy para irme lléndome partir marchar, retirarme largándome huir llegar. Y después regresar. Volver. Porque cómo no volver. Siempre se vuelve.
Así que bueno, creo que no queda mucho más por decir. Si ya lo sabés todo. Me despido entonces con un hasta luego, hasta pronto, hasta ya casi mañana, hasta dentro de poco ayer.

P.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Son las dos de la mañana y no puedo dormir. No quiero dormir. Sigo repasando en mi cabeza una y otra vez el día de hoy. Sigo ahí, en la esquina del botánico, esperando el colectivo. Y la lluvia me moja y no me doy cuenta. Y tengo frío. Una vez a bordo, sentada en el fondo, mirando a través del vidrio empañado, todo aquel mundo cotidiano se me hace extraño. Veo a la gente caminar por la calle, y esa gente camina y no sabe que vos no estás. Y todo sigue. Y eso me desespera. Todo sigue como si nada, y vos no estás. Y la sala de espera, y el silencio. Los abrazos, las miradas, el no decir nada y entender todo. El querer buscar una palabra para consolarlas, y no encontrarla. Quedarme callada. Y después irme. Salir corriendo. Inés esperándome con un mate. Mientras tanto más mensajes, más llamadas. Más reencuentros, y esos abrazos que duelen. Y yo que no quiero llorar, no debo llorar, no me corresponde llorar... Pero sin embargo, ese abrazo, ese abrazo del que trato de escapar y no puedo. Quiero soltarme y me agarra más fuerte. Y se me escapan las lágrimas. Tiemblo. Y llega la noche. Y ahí estamos todos. Y vos también, de alguna manera. Subo las escaleras, me quedo en la puerta. No me animo a entrar. Me quedo parada, quieta, callada. El aire me pesa y las piernas que se me aflojan. Salgo a tomar aire y vuelvo a entrar. Esta vez me acerco un poco más. Pero me hace mal. Retuerzo mis manos, me sueno los dedos, me muerdo las uñas hasta que no quedan rastros del esmalte. Me estiro el saco. Tengo calor, tengo frío, tengo ganas de gritar y salir corriendo. Pero no lo hago.La multitud que se agrupa más allá, y no tengo ganas de saber que hay más allá. Y así sigo, entrando y saliendo, aproximándome de a poco. Finalmente me quedo ahí, inmovil. Está bien, ya no puedo acercarme más. No es necesario. Sin pronunciar palabra te digo adiós. Y me voy. Pensando en vos, y en los que quedan. En lo que se viene. En lo que fue y en lo que ya no va a ser. En mañana...

martes, 16 de diciembre de 2008

" Pez, te amo y te respeto demasiado, pero antes de que termine el día voy a matarte."


Y yo que pensaba que estabas enojada conmigo. Después me llamaste y me dijiste que querías salir a pasear. Que tu atuendo pedía a gritos ir a caminar por Corrientes. El vestido de tu abuela, las uñas pintadas de rojo, el rouge y las ganas de sentirte bien con vos misma. Yo también andaba con ganas de sentirme bien conmigo misma, además no sé por qué me aliviaba el saber que no estabas enojada, así que bueno, quedamos en encontrarnos a las seis menos cuarto en la esquina de Rodriguez Peña. A eso de las seis ya estaba llamándote para avisarte que iba a llegar tarde porque me había tomado el bondi equivocado. Por suerte vos habías confiado en que iban a funcionar los subtes, ingenua. Así que terminé llegando yo primero. Fue cuestión de encontrarnos y empezar a caminar por el centro, sin un rumbo fijo. Fuimos todo por Santa Fe, cruzamos la Nueve de Julio, seguimos por Suipacha, pasamos el Tita Merello y qué bueno estaría ir a ver la última de Favio. Bajamos por Córdoba, llegamos a Alem, Plaza de Mayo, Paseo Colón, Estados Unidos, para finalmente desembocar en Defensa. Sin querer queriendo nos encontramos deambulando por el corazón de San Telmo. Otra vez. Buscamos un escalón cómodo, y nos dedicamos a mirar pasar turistas, mientras tomábamos mate con galletitas. También hablamos hasta sacarnos las ganas. Vos algo arrepentida de lo que hiciste, yo bastante más arrepentida por lo que no hice. En definitiva estabamos en la misma. Al final aquel mensaje frío de la noche anterior era un intento por disimular tu angustia, tu tristeza. Y yo como una infeliz asumiendo que te había aburrido o algo por el estilo. Porque yo estaba también con mi propio mambo, repasando mentalmente una y otra vez los detalles de aquel viernes, maldiciendo por dentro mi falta de iniciativa. En realidad no iniciativa precisamente, sino lo que le seguiría a la iniciativa. Creo que la iniciativa estuvo, al fin y al cabo. En fin, supongo que si lees esto probablemente entiendas a lo que me refiero. Me cagué. Y sí. Soy una cagona con todas las letras. Igual la pasé bien. Vos, pared de por medio, sí lograste lo que querías, para luego darte cuenta que quizas no era eso. La pasamos bien, y sin embargo, el vacío. La inconformidad. El recordar esa búsqueda interior olvidada, y darse cuenta de que aún seguíamos en el punto de partida. Y tan lejos...

Y así, entre quejas y risas y algo de filosofía barata fue que nos sorprendió la noche, en la terraza de un bar, con empanadas y cerveza. Después volvimos para la plaza ahora vestida de fiesta, sembrada de bombillas de colores, azules rojas y amarillas, cual canción de Serrat. Los artesanos habían levantado sus lonas hace rato ya, y ahora tomaban vino a los pies de algún arbol. Al mismo tiempo, habían ido delimitándose los márgenes de una improvisada pista de baile. Así que de un momento a otro se largó la milonga nomás. Un par de tangos, chacarera simple, doble, zamba y carnavalito. Vos fumabas con parsimonia y yo aplaudía con un entusiasmo que rozaba lo infantil. Quería bailar. Y bailé, me di el gusto. El último tema, un merengue sabrosón. Con el típico prototipo de macho semental latino. Pero un poco más panzón. Luego la banda se despidió, se apagaron las luces y cada uno fue emprendiendo viaje. Nosotras bajamos la cuesta, y nos pusimos a esperar que pasara algún 64 ahí en la esquina de Paseo Colón y Cochabamba. Un domingo a la una de la mañana y yo pensando por qué mierda te hice caso y me puse un vestido blanco, con lo que odio arreglarme y ahora nos deberían estar fichando a tres kilómetros de distancia, seguramente. Pero no, ni los temibles cacos se dignaban a pasar por esa esquina de mala muerte a esas horas.

Y bueno, finalmente, después de un rato bastante largo, llegó. Dos de un peso y atrincherarnos en los asientos de atrás de todo. Viajamos en silencio. Satisfechas. Habíamos vencido a eso que ambas sabemos qué es, y que pudimos ponerle nombre y apellido.

domingo, 14 de diciembre de 2008

se fue al baño y se fumó, y empezó a sonar la orquesta.....

martes, 9 de diciembre de 2008

Del mal de Kafka, o acerca de ciertas relaciones filiales conflictivas

Ella dice que con Él no se puede hablar.

Él dice que con Ella no se puede hablar.


Y entonces no se hablan.


Él se va a tomar un café con Ella.(Otra Ella).


Ella aprovecha para usarle el mate, manotearle un disco de Adriana Varela de la repisa, y abrir el cajón.


Abrir el cajón para ver si todavía sigue teniendo aquel cuaderno.


Y ahí está.


Ahora en vez de dos son tres las hojas escritas.


La última fechada el 7 de julio.


Donde dice, dice..


Dice que está angustiado. Que Ella lo lastimó sin darse cuenta. Que Ella le dice que con Él no se puede hablar. Y que Él opina lo mismo de Ella. Y que es cierto. Y le da pena. Pero que la quiere mucho.

domingo, 7 de diciembre de 2008

El Karma de vivir en Capital

Cuando uno nació acá, y vivió acá toda su vida, uno "es de acá". Y sí. Obviamente. Entonces las probabilidades de cruzarse con gente de "allá" aumentan. Sobre todo teniendo en cuenta que uno vive en una ciudad tan, tan cosmopolita. O como se diga. Y eso está bueno. Ahora bien, el tema es que cuando uno es de "allá", y está "acá", siempre tiene algún lugar a donde volver.Pero cuando uno es de acá, y todos se van a sus "allás", a otros "acás", a dónde va?


Mientras tanto, en el eje de las simultaneidades..


Son las 2 de la tarde de un domingo diciembrero.


El venezolá está a la deriva en algún punto entre Trujillo y Asunción, camino a rescatar su moto secuestrada hace ya varios meses. Puteando en léxico venezolano a los paraguayos que le quieren cobrar una multa más cara que la moto misma, "para quedársela", dice. pero él no les va a dar el gusto. No señor. Así que vende silbatos en las ferias mientras junta plata para el pasaje. Tranquilo pana, dice.


Cecilia camina por la rambla Marplatense, otra vez en casa. Decidida a empezar de nuevo, de cero. Hace tres años se fue puteando a Mar del Plata, ahora vuelve a redescubrir ese lado de su ciudad que no conoce pero está convencida que existe.


En un pueblo perdido de la provincia de Buenos Aires, ciudad balnearia del molino quemado, Juan dibuja a la sombra de un arbol. Tiene un cuaderno que lleva a todas partes, donde vuelca al papel sus poemas, pensamientos, inquietudes, visiones.. le gusta dárselo a sus amigos, conocidos, para que también hagan lo que les parezca en él. Y así lleva un pedacito de todos en su mochila..


Daniela recorre las calles de Frankfurt, sudaca en en el primer mundo.. Es de esas personas que dejó su "acá" en Colombia, para seguir a su amor alemán hasta su lejano" allá" en el viejo continente. Está feliz.


Jorge se limpia la boca con una servilleta que abolla y deja sobre la bandeja plástica. Va al baño, se mira al espejo, se ajusta la corbata. Hace tiempo que dejó de dedicarse a las artesanías. Ahora es un "administrativo", las cosas están mejorando. Empleo nuevo, pareja nueva, hija nueva, país nuevo. Cambió las empanadas por feijao y el mate por guaraná. Ya casi consiguió dejar atrás por completo todos aquellos recuerdos en la vieja cantina de Angel Gallardo. Los domingos de ravioles y el pinguino. Casi.

sábado, 6 de diciembre de 2008




Bueno, era uno de esos días en los que la ciudad comenzaba ya a darme claustrofobia. Así que hice lo que cualquier civilizaciónfóbico hubiera hecho en mi lugar: me tomé el 93 a Retiro, me subí a un tren y me fui lejos lejos. En realidad no tan lejos, ya que el tren llegaba hasta Villa Ballester. Pero me subí a otro, y seguí, hasta Campana. Me hubiera gustado llegar a Zárate, pero no me había despertado lo suficientemente temprano, y tampoco quería perder todo el día viajando. Y bueno, así fue como sin querer queriendo, involuntaria pero voluntariamente al mismo tiempo llegué al lugar tuyo de vos en el cual no estabas y al mismo tiempo del cual venías y sin embargo con el que pude yo mirarte nuevamente, sin mirarte a la cara, claro está, y comprender algo más de vos, si, tarde quizás pero comprender al fin y al cabo, o quizás no.. recorrer las calles de tu lugar a la hora de la siesta, respirar y contagiarme de esa quietud y esa tranquilidad y esos rayos de sol que se filtraban por las copas de los árboles, acariciando las veredas corroídas por el tiempo..


De todos modos sigo pensando que sos un infeliz,


pero me gusta tu lugar