entonces acá estoy yo mirándome a mí misma
el papel es mi espejo escribo
todo lo que pienso lo que se me viene a la mente sin sentido sin orden sin puntos ni comas
sin gramática sintaxis
sin volver atrás
escribo para conocerme para entenderme me pongo a prueba
escribiendo intento descubrir si realmente soy las palabras que salen de mi boca
ese discurso que harto han escuchado mis oídos y
con las palabras dibujo también voy dibujando mi
camino delineándolo como el contorno de la palma de la mano y
siguiendo las líneas con la mirada voy y vuelvo y me enriedo yo también y me pierdo dando vueltas en la espiral que no es no hay
y me quiero y no me quiero por momentos me entiendo y me vuelvo a querer un poco más
creo que nadie me conoce en realidad creo
que la que no me conoce soy yo
y me doy cuenta que a veces soy volviendo y vivo en el pasado me gusta
pero al mismo tiempo no porque mi pensamiento esta en el pendiente presente lejano no tanto porvenir
pero si todavía no existe entonces cómo que se yo no sé
pero estoy corriendo al final otra vez siempre corriendo para alcanzarlo al tren
y ni siquiera sé por qué no sé
si es el eso en sí o el no acá o el sí allá y sigo corriendo
en círculos porque llego a las mismas conclusiones que alguna vez llegué
y entonces ante mis ojos esas conclusiones vuelven a transformarse en preguntas interrogantes
mis certezas y mis dudas son la misma hija de otra madre y cómo no caer en la redundancia
en la monotonía cómo no en la rutina en la homogeneidad en la invariabilidad en la inercia
si mi hacer no es más que
no son más que variaciones sobre mi propio único mismo ser si
yo tambien soy hija de mis certezas y mis dudas
y si no pierdo la costumbre de tan seguido perder el hilo de mi razonamiento y buscándolo desando camino y llego al principio la punta la hilacha y es cuestión de volver a empezar avanzar tropezar y girar y dejarse caer.
jueves, 5 de febrero de 2009
martes, 3 de febrero de 2009
De expectativas y desengaños, o sucesos irrelevantes que pudieran llegar a acontecer en una noche de insomnio..
Recién cae en la cuenta de que todo fue tan sólo un falso espectáculo montado por sí misma como medio de justificación para su prolongada e infructífera espera a las 2 y 47 de la madrugada, momento exacto en que el inesperado sonido del teléfono interrumpe avallasador sus meditaciones baratas de medianoche. Y es que todo acto heroico, por más pequeño que sea, merece una respuesta. Sí señor. O al menos así debiera ser. En ese preciso instante al carajo se van su paz interior, el mate, los clasificados, las cartas de presentación, el lamento de Gabo Ferro y La Maga que hace rato ya que duerme a su lado hecha un ovillo sobre la silla a cuadros. El corazón se le sale literalmente por la boca, pero de forma tan fugaz que resulta imperceptible ante los oculares del testigo inexistente. Entonces se pregunta si es, si sería, si será, y sin pensarlo dos veces atiende, dice hola e inmediatamente corta, impidiendo a su interlocutor en potencia toda posibilidad de respuesta. Si será Cagona.
Por unos breves pero interminables segundos todo queda sumido en absoluto silencio. No llegan a despertarse las ciento noventa y tres voces interiores que habitan su cabeza para emitir como de costumbre despiada opinión sobre su accionar, intempestiva, desordenada y ferozmente, cuando el aparato diabólico comienza a sonar. Otra vez. Y lo mira. Y suena. Y lo mira. Y suena. Y lo mira, y continua mirándolo como si fuera bicho raro. La escena podría así prolongarse durante horas , consiguiendo elevar los niveles adrenalínicos de nuestro previamente mencionado testigo inexistente a desconocidos niveles jamás siquiera sospechados. Pero no.
Atiende.
Y entonces, a continuación, la frustración hecha llamada telefónica.
-Hola, si, está Carlos?
-Eh?
-Carlos!
-Ah. No. Equivocado.
-clic.-
Puta madre.
Mientras tanto los noticieros hablan. Dicen que en Río Cuarto hay alerta meteorológica, granizo y corte de luz generalizado.
Y Ella piensa. Que mientras algunos se sumergen y nadan momentáneamente en una oscuridad figurativa, Él estira los brazos y tantea la Nada buscando la caja de fosforos salvadora. Que está llena de fosforos. Usados. Obvio. Mejor. Si pusiera las manos en fuego se quema, seguro.
Por unos breves pero interminables segundos todo queda sumido en absoluto silencio. No llegan a despertarse las ciento noventa y tres voces interiores que habitan su cabeza para emitir como de costumbre despiada opinión sobre su accionar, intempestiva, desordenada y ferozmente, cuando el aparato diabólico comienza a sonar. Otra vez. Y lo mira. Y suena. Y lo mira. Y suena. Y lo mira, y continua mirándolo como si fuera bicho raro. La escena podría así prolongarse durante horas , consiguiendo elevar los niveles adrenalínicos de nuestro previamente mencionado testigo inexistente a desconocidos niveles jamás siquiera sospechados. Pero no.
Atiende.
Y entonces, a continuación, la frustración hecha llamada telefónica.
-Hola, si, está Carlos?
-Eh?
-Carlos!
-Ah. No. Equivocado.
-clic.-
Puta madre.
Mientras tanto los noticieros hablan. Dicen que en Río Cuarto hay alerta meteorológica, granizo y corte de luz generalizado.
Y Ella piensa. Que mientras algunos se sumergen y nadan momentáneamente en una oscuridad figurativa, Él estira los brazos y tantea la Nada buscando la caja de fosforos salvadora. Que está llena de fosforos. Usados. Obvio. Mejor. Si pusiera las manos en fuego se quema, seguro.
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