martes, 16 de diciembre de 2008

" Pez, te amo y te respeto demasiado, pero antes de que termine el día voy a matarte."


Y yo que pensaba que estabas enojada conmigo. Después me llamaste y me dijiste que querías salir a pasear. Que tu atuendo pedía a gritos ir a caminar por Corrientes. El vestido de tu abuela, las uñas pintadas de rojo, el rouge y las ganas de sentirte bien con vos misma. Yo también andaba con ganas de sentirme bien conmigo misma, además no sé por qué me aliviaba el saber que no estabas enojada, así que bueno, quedamos en encontrarnos a las seis menos cuarto en la esquina de Rodriguez Peña. A eso de las seis ya estaba llamándote para avisarte que iba a llegar tarde porque me había tomado el bondi equivocado. Por suerte vos habías confiado en que iban a funcionar los subtes, ingenua. Así que terminé llegando yo primero. Fue cuestión de encontrarnos y empezar a caminar por el centro, sin un rumbo fijo. Fuimos todo por Santa Fe, cruzamos la Nueve de Julio, seguimos por Suipacha, pasamos el Tita Merello y qué bueno estaría ir a ver la última de Favio. Bajamos por Córdoba, llegamos a Alem, Plaza de Mayo, Paseo Colón, Estados Unidos, para finalmente desembocar en Defensa. Sin querer queriendo nos encontramos deambulando por el corazón de San Telmo. Otra vez. Buscamos un escalón cómodo, y nos dedicamos a mirar pasar turistas, mientras tomábamos mate con galletitas. También hablamos hasta sacarnos las ganas. Vos algo arrepentida de lo que hiciste, yo bastante más arrepentida por lo que no hice. En definitiva estabamos en la misma. Al final aquel mensaje frío de la noche anterior era un intento por disimular tu angustia, tu tristeza. Y yo como una infeliz asumiendo que te había aburrido o algo por el estilo. Porque yo estaba también con mi propio mambo, repasando mentalmente una y otra vez los detalles de aquel viernes, maldiciendo por dentro mi falta de iniciativa. En realidad no iniciativa precisamente, sino lo que le seguiría a la iniciativa. Creo que la iniciativa estuvo, al fin y al cabo. En fin, supongo que si lees esto probablemente entiendas a lo que me refiero. Me cagué. Y sí. Soy una cagona con todas las letras. Igual la pasé bien. Vos, pared de por medio, sí lograste lo que querías, para luego darte cuenta que quizas no era eso. La pasamos bien, y sin embargo, el vacío. La inconformidad. El recordar esa búsqueda interior olvidada, y darse cuenta de que aún seguíamos en el punto de partida. Y tan lejos...

Y así, entre quejas y risas y algo de filosofía barata fue que nos sorprendió la noche, en la terraza de un bar, con empanadas y cerveza. Después volvimos para la plaza ahora vestida de fiesta, sembrada de bombillas de colores, azules rojas y amarillas, cual canción de Serrat. Los artesanos habían levantado sus lonas hace rato ya, y ahora tomaban vino a los pies de algún arbol. Al mismo tiempo, habían ido delimitándose los márgenes de una improvisada pista de baile. Así que de un momento a otro se largó la milonga nomás. Un par de tangos, chacarera simple, doble, zamba y carnavalito. Vos fumabas con parsimonia y yo aplaudía con un entusiasmo que rozaba lo infantil. Quería bailar. Y bailé, me di el gusto. El último tema, un merengue sabrosón. Con el típico prototipo de macho semental latino. Pero un poco más panzón. Luego la banda se despidió, se apagaron las luces y cada uno fue emprendiendo viaje. Nosotras bajamos la cuesta, y nos pusimos a esperar que pasara algún 64 ahí en la esquina de Paseo Colón y Cochabamba. Un domingo a la una de la mañana y yo pensando por qué mierda te hice caso y me puse un vestido blanco, con lo que odio arreglarme y ahora nos deberían estar fichando a tres kilómetros de distancia, seguramente. Pero no, ni los temibles cacos se dignaban a pasar por esa esquina de mala muerte a esas horas.

Y bueno, finalmente, después de un rato bastante largo, llegó. Dos de un peso y atrincherarnos en los asientos de atrás de todo. Viajamos en silencio. Satisfechas. Habíamos vencido a eso que ambas sabemos qué es, y que pudimos ponerle nombre y apellido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un vestido blanco en medio de la noche.