martes, 3 de julio de 2012

Gurise

      Si supiera el pendejo lo feliz que me hizo aquella tarde... Bah, lo que se dice feliz, tampoco para tanto, pero alguna que otra carcajada me arrancó, tengo que admitirlo. Y eso que yo estaba con la térmica que en cualquier momento me saltaba y ahí sí que cagaban fuego todos. Porque la vena que tenía... Pero bueh, linda manera de sacarme toda la mufa que traía encima. Toda la mierda masticada. Si no me fui de manos con nadie aquella tarde fue gracias al pendejo. Y seguro que ni se dio cuenta el mocoso. Si no es más que un pendejo. Apenas si le están empezando a salir dos o tres pelos locos en la pera que dan lástima. Una tristeza de barba. Un pendejo con todas las letras. Pero que las tiene bien puestas, eso sí. El único que no baja la mirada cuando me ve venir por los pasillos. El único que me saluda con un, "¡Eh! ¡Buenas Tardes, Don!" y ese gestito insolente con la mano. Y el único barrilete capaz de seguir así, absorto en su delirio adolescente hablando de  culos y tetas y Tinelli sin darse cuenta del esfuerzo inhumano que estoy haciendo por seguirle el hilo y no pensar en las ganas que tengo de ir a cagarlos a todos y a cada uno de ellos bien a trompadas, hasta que no les quede ganas de salir a boquear nunca más en su puta vida, manga de re mil cagones...y de ahí, directo a guardar. Porque ya me la tienen jurada en la 48. Que no hay Gauchito ni SanLa ni tu vieja que te salven la próxima, me dijeron. Y, si están todos entongados con la gorra, manga de caretas. Lo pienso y me hierve la sangre, la concha de su madre. Y encima tengo que bancarme a la otra loca pidiéndome que me quede en el molde, que guardado no sirvo de nada, que, que, que. Como si no lo supiera. Al plato me tiene los huevos, al plato. Siempre limándome la cabeza, siempre con reclamos. Pero es tan linda la guacha...
Pero buen, dale pendejo, vos seguí hablando que yo te escucho, vos seguí, que vas a llegar lejos...

lunes, 2 de julio de 2012

Haciendo equilibrio en un punto arquimédico

Y entonces, una vez más, en el eje de las simultaneidades...

Inés va y viene. Cada día más linda, cada día más lejos.
Se deja peinar, se deja pintar las uñas, se deja bañar.
Se deja.
La dejan.
Las manos le tiemblan, ya no recuerdan.
Cómo amasaban, cómo hilvanaban, cómo escribían.

Martín finalmente se fue. Tanto jodía con que se iba a ir, y yo que no le creía.
Y se fue nomas. Dejando más de lo que consigo llevó.
El famoso borrón y cuenta nueva.
Sin pensarlo dos veces, cruzó el charco.
No sea cosa que lo fueran a buscar.
Ahora camina las calles del pueblo, haciéndolas suyas a cada paso.

El Venezolá cruza la frontera, por Formosa, ilegal.
De Fronterizo Clorinda a Puerto Falcon, hace rato ya no tiene nación.
Está pasado, drogado, limado.
Ido.
Se desnuda, corre, escupe, grita.
Grita y casi que puedo escucharlo, pana querido, desde el sur del mundo.
Lo veo: Treparse a los árboles, darle una paliza, huir.
Lo veo: Dormir (acurrucado). Despertarse. Llorar.
Está solo.

María piensa, una y otra vez:
No sabe si mandarlo al carajo, si pedirle perdón, o si perdonarlo ella también. 
No sabe si vale la pena. No sabe qué vale la pena.
Mientras tanto, en una pared de Villa Pueyrredón: 
"Quiero extrañarte (¡Andate! ¡Andate!)"