lunes, 12 de enero de 2009

Premonición. (O acerca de lo que pudiera llegar a acontecer en el eje de las simultaneidades. O no.)

Un martes 13 de algún enero en el barrio de Retiro.

Está en la terminal, está en el andén. (Por un último instante).
Con la mochila en los hombros.
En su habitación quedaron los discos, la alcancía llena de caracoles. (Ya no)
En el andén la familia. (Ahora los mira a través de la ventanilla)
Los mira quedar... quedar... cada vez más pequeños, más borrosos, ilegibles, irreconocibles,
Cada vez más imperceptibles. Lejanos. Idos.

Y Él(un él cualquiera, un él sin relevancia) está en la oficina de los martes. La misma que la de los lunes, miércoles, viernes, eneros y años.
Con su camisa almidonada y su pelo al ras y su billetera repleta de tickets canasta. Con sus prejuicios, preceptos, presunciones . Presiones. También certezas (no siempre tan ciertas, por cierto, pero esto él lo ignora. Si supiera).
Tipeando números en el computador. Ordenando papeles.
Burocratizando por ahí.

Ambos, que no se piensan ni se extrañan (Ni tampoco se despiden)
Quizás ni siquiera se conozcan (Probablemente no se conozcan)
Y sin embargo, el abismo imaginario que separándolos fuera, ahora Es.
Palpable. Real.

Y mientras tanto, La Ciudad que se desdibuja.
Deslineándose, desalturizandose, desprotagonizándose.
Y que siéndose dejada atrás,
Desaparece.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando creo que un post fue de lo mejor que te leí, aparecés con un nuevo aún mejor que el otro, si es que cabe esa posibilidad.

Y te odio un poquito porque no me sale.