lunes, 27 de abril de 2009

Del síndrome de ansiedad, o acerca del pensamiento mágico a la inversa

Muy de vez en cuando pareciera como si los astros pusiéranse de acuerdo y alineáranse y Sí, no queda otra, sino cómo explicar el tibio vapor escapando de la pava que algún cercano anónimo abandonó a punto caramelo justo en mi trayecto culinario matutino, lo cual implica dos cucharadas de café y media de azúcar y ya estamos listos para afrontar la desafiante tarea de despertar a la insomne que supo usurpar mi integridad hace ¿Cuánto? ¡Tanto! Tiempo que dejé de llevar la cuenta… Luego fue cuestión de sentarse y llevar a cabo la obligada ineludible llamada telefónica anticipando aquel No de respuesta que por una puta bendita vez en la vida resultó ser un Sí -cosa de no creer- y entonces todo se redujo en un abrir y cerrar de ojos a la sencilla ecuación de salir corriendo a la velocidad del cuadrado inverso, disminuir los cinco pisos que se interponen entre mi integridad y el común denominador realidad, y multiplicar baldosas a ritmo creciente exponencial pensando a la vez en la boca del subte y la hora pico y el sudor otoñal que es algo así como menos húmedo que el veraniego pero más salado que el primaveral aunque menos intenso, cuando un colectivo evidentemente interpuesto por gracia y voluntad de los cuerpos celestes en el camino que separa a mi integridad de las fauces de la pesadilla subterránea, salvome de toda aquella odisea porteña y recién ahora puedo afirmar que estoy en carrera rumbo a mi mentalmente establecida meta de la fecha, nunca tanta ansiedad por llegar a las inmediaciones Constitucionales pero bueno no es apropiado, podría considerárselo hasta casi políticamente incorrecto, anticiparse a las circunstancias por lo que habré de limitarme a tapar mi lapicera con su respectivo capuchón, guardar el cuaderno en el morral y abrir unos tres o cuatro centímetros la ventanilla para permitir que una reconfortante ráfaga de viento me dé de lleno en la cara procurando claro está no incordiar o importunar a algún viajero con escaso estóc de tolerancia, ya que podría fastidiarse y realmente debo admitir que el susodicho tendría razón porque ese cartel, ese maldito increpante cartel con su dedo acusador que me dice que No, y Yo que de todas maneras decido ignorarlo, ¡Ah! ¡Osada transeúnte rebelde sin causa! ¡Quién pudiera comprender tus razones! Y es que no me puedo contener además siempre padecí de cierta aprehensión a la prolongada permanencia en cubículos de extensión reducida, aunque por otra parte jamás podría soportar cargar con la culpa de ser la responsable de otra integridad más circulando por las calles de Buenos Aires con una neumonía de grado tres, tosiendo y moqueando su desgracia en plena avenida, ¡Pobre integridad! Me aflige el solo pensarlo, se me frunce el entrecejo y hasta puedo sentir mi corazón estrujándose de amargura ante tan terrible imagen… Pero bueno por suerte el bondi está vacío así que las probabilidades de que aquello suceda se reducen a cifras infinitamente sexagesimales, y a esta instancia creo un deber el confesar que jamás fui descollante en lo que concierne al túrbido terreno de las matemáticas pero es preciso reconocer, qué bien y qué importante y qué inteligente se siente uno pronunciando estos términos tan, tan elaborados, o porqué no también, mandando a aquel individuo que fue tan descaradamente desagradable con nuestras integridades a irse al logaritmo del paralelepípedo que lo recuadratizó… En fin, como dije antes debo dejar de escribir no sea cosa que los astros crean que peco de soberbia y se transformen en musaraña de vuelta. Aparte la ciudad despierta, alcanza el apogeo de su musicalidad y mientras la gente que marcha en un dos por tres y el bondi que avanza a lo tres por cuatro, -¿O es que en realidad Tacuarí está retrocediendo, en un fenómeno de carácter sobrenatural sin precedentes?-, como decía, mientras todo este caos que orbita a mi alrededor Es, yo ya puedo percibir con gusto la maquinaria del microcentro en la cercanía latente, y algo más allá Constitución que pulsa y expulsa al ritmo de mis venas. Agradecemos entonces a los astros que muy de vez en cuando dan muestras de su faceta amigable, y nos libramos a su merced.

4 comentarios:

JuanMa dijo...

La integridad y el afuera... me queda picando eso. La integridad resguardada de lo otro, no es por ser mala onda,pero hoy leí esta frase que es maravillosa: "Y el hedor de américa es todo lo que se da más allá de nuestra pulposa y comoda ciudad natal. Es el camión lleno de indios, que debemos para ir a cualquier parte del altiplano, y lo es la segunda clase de algún tren y lo son las villas miseria pobladas por correntinos, que circundan Buenos Aires. Se trata de una de una aversión irremediable que crea marcadamente la diferencia entre una supuesta pulcritud de parte nuestra y un hedor tácito de lo americano". La frase pertenece al maestro rodolfo Kusch y creo que el hedor del afuera no puede contraponerse a la pulcritud-integridad del adentro.

PD: Disculpa por leerte sin permiso. Un abrazo

Anónimo dijo...

Se nota que lees a Cortazar.

elpoetadeyeso dijo...

wwwooowwww!!!
que gracia tiene esta MUCHACHITA!!!!
Fijate que leyendo,una a una tus frases fueron imponiendose como una narración dictada de tus propios labios,cuando llegué a PUTA,hey que extraña sensación -y no por lo puta,claro- experimenté.ALgo así como que sentí tu voz de lo compenetrado que estaba en la lectura. Y bueno eres una gran voyeur, imagenes bien puestas que hasta se sienten su aroma, Hasta la próxima.

Anónimo dijo...

¿No escribe más, señorita?