domingo, 12 de abril de 2009
De la Catarsis
Estática y filosa recortábase su sombra del piso de azulejos rojos. En la cocina, de pie, inmóvil, a contraluz. Temblaba. Con cada centímetro de su cuerpo crispado por la rabia. Las pupilas dilatadas, los puños apretados y un nudo en la garganta. El pecho henchíasele de bronca en cada inspiración. Cada bocanada de aire era una ráfaga ardiente quemándola por dentro. Desprecio, cólera, resentimiento e incredulidad emanaban de su mirada. Una vorágine de sentimientos que le brotaba por los poros recorriendo su integridad de punta a punta, erizándole la piel. Dentro de sí, a la altura del estómago, comenzaba a engendrarse una masa amorfa, latente. Crecía rapidamente, con pulso definido, consistencia en aumento. Sigilosamente avanzando, apoderándose a su paso de cada rincón disponible. Cuando ya no le resultaba posible continuar expandiéndose, empezó a subir. A escalar. Estaba llegando. La sentía venir. Separó los labios, lista para la expulsión. Fracasó en el intento de emitir sonido alguno. Atascamiento. Cerró los ojos e ignorando las -cada vez mayores- oleadas de nauseas que comenzaban invadirla, finalmente pudo. Escupió dos palabras, cargadas con todo el veneno, la ira, sus verdades, su rencor. Todos sus reproches concentrados en dos palabras. Y entonces, sintiéndose tanto realizada cómo completamente vacía a la vez, se desplomó y, acurrucada sobre el frío suelo de azulejos rojos, lloró.
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1 comentario:
Todo lo que pueden llevarse las palabras. Y también traer.
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